Resulta extraño subir contigo a un ascensor y no poder besarte. Resulta extraño cerrar la puerta de tu casa desde adentro y no abrazarte. Resulta insoportablemente extraño dormir en tu cama y olerte y abrazarte como si fuera la última vez. Resulta odiosamente extraño no escuchar tu voz cada día, no tocar tu pelo cada noche, no sentir tu carne entre mis piernas. Resulta tristemente extraño saber el daño que me has hecho y, aún así, sentir que te quiero tanto como siempre y que te echo de menos como nunca. Resulta desesperadamente extraño levantarse un día pensando que te he olvidado y volver a la cama la misma noche sabiendo que nunca te podré olvidar.
Sé que un día leeré esto y me reiré, como me he reído otras veces, pero ahora mismo solamente quiero que me eches de menos, que me eches de menos y me lo hagas saber.
domingo, 19 de abril de 2009
jueves, 16 de abril de 2009
AMOR/ODIO
Con 6 años en cada mano y otros 6 años en cada pié uno se da cuenta de la importancia de los dichos, de la razón que tienen, de que si en algún momento nacieron fué por algo, porque alguna situación propició la llegada de todo y cada uno de ellos.
Con 6 años en cada mano y otros 6 años en cada pié entiendo puedo corroborar que 'del amor al odio hay solo un paso' y que 'del odio al amor' hay medio paso.
Con 6 años en cada mano y otros 6 años en cada pié los nervios alfloran en mi piel y soy capaz de querer con todas mis fuerzas consumar mi deseo junto a lo que más odié en su día.
Con 6 años en cada mano y otros 6 años en cada pié entiendo puedo corroborar que 'del amor al odio hay solo un paso' y que 'del odio al amor' hay medio paso.
Con 6 años en cada mano y otros 6 años en cada pié los nervios alfloran en mi piel y soy capaz de querer con todas mis fuerzas consumar mi deseo junto a lo que más odié en su día.
EL CUERPO DE AIRE
En la mesa había huevos fritos, lomo adobado, salchichas y patatas fritas. Vamos, todo un festival de colesterol mermado por la majestuosa y espectacular ensalada de bolsa compuesta por lechuga, zanahoria y tomate.
Degusté con gusto todos y cada uno de los sabores que me ofrecía el mueble de cuatro patas hasta que decidí subir a mi habitación. Esta vez, como siempre, mi cuarto me recibía desordenado, con toda clase de cosas por acabar sobre los muebles y la cama sin hacer. De pronto miré uno de los cojines que coloco sobre mi cama hecha y que, desde buena mañana, había pasado tiempo sobre las tejas que hay bajo mi ventana, para airearse. Cuán fué mi sorpresa cuando descubrí sobre uno de los cojines la huella plasmada en polvo de un pié que no era el mío. Alguien vino a visitarme, tal vez un hombre, alguien que ya conozco, alguien que muchas noches, en mis sueños, viene a acariciarme a mi cama, a abrazarme, a follar conmigo y a recordarme cuánto me gusta follar y lo solo que estoy en este momento.
Quiero creer que ese 'algo', ese cuerpo de aire, lo forma el amor que siguen sintiendo por mí aquellos que ya no me acarician en la cama y que se arrepienten de no poder hacerlo todas y cada una de las noches que, como yo ahora, se encuentran solos en sus lechos, solos con sus manos.
Degusté con gusto todos y cada uno de los sabores que me ofrecía el mueble de cuatro patas hasta que decidí subir a mi habitación. Esta vez, como siempre, mi cuarto me recibía desordenado, con toda clase de cosas por acabar sobre los muebles y la cama sin hacer. De pronto miré uno de los cojines que coloco sobre mi cama hecha y que, desde buena mañana, había pasado tiempo sobre las tejas que hay bajo mi ventana, para airearse. Cuán fué mi sorpresa cuando descubrí sobre uno de los cojines la huella plasmada en polvo de un pié que no era el mío. Alguien vino a visitarme, tal vez un hombre, alguien que ya conozco, alguien que muchas noches, en mis sueños, viene a acariciarme a mi cama, a abrazarme, a follar conmigo y a recordarme cuánto me gusta follar y lo solo que estoy en este momento.
Quiero creer que ese 'algo', ese cuerpo de aire, lo forma el amor que siguen sintiendo por mí aquellos que ya no me acarician en la cama y que se arrepienten de no poder hacerlo todas y cada una de las noches que, como yo ahora, se encuentran solos en sus lechos, solos con sus manos.
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